jueves 10 de mayo de 2007









Un Abrazo entre dos Grandes: Perón y Mao

Hablar de la República Popular China es hablar de un país que posee historia escrita por más de 4.000 años. Se puede decir que es el Estado más antiguo del mundo. En él vive un quinto de la humanidad (más de 1.300 millones de habitantes), ha registrado un rápido crecimiento económico y un avance social que no tiene comparación en la historia. Durante el transcurso de las últimas dos décadas del siglo XX y los comienzos del siglo XXI, China ha observado un proceso de apertura y reformas económicas de destacada relevancia. Por lo tanto, cabe mencionar un viejo proverbio chino: “para interpretar el presente y adivinar el futuro, hay que mirar el espejo de la historia”.

El formidable crecimiento experimentado por la República Popular China se debe, en parte, a la convicción reformista inculcada por el fundador del Partido Comunita Chino y ex Presidente, Mao Tse Tung, y luego profundizada por su sucesor Deng Xiao Ping. Ambos supieron construir con sentido colectivo las asignaturas económicas y políticas, y así lograron el histórico protagonismo chino en Asia y en el mundo, imponiendo su capacidad productiva y su influencia internacional. No en vano se recuerda el poder transformador de la política china con aquella frase de Xiao Ping, que bien podría haber dicho el General Perón: “no importa si el gato es de color blanco o negro, lo que importa es que cace ratones”.

La Argentina –y particularmente el peronismo– manifestó siempre su respeto y admiración hacia el Partido Comunista Chino. La amistad que mantuvieron durante muchos años nuestro fundador, Juan Perón, y el líder comunista Mao Tse Tung, marcó el inicio de una relación recíproca que se conservó a lo largo de décadas.

Más allá de las obvias diferencias correspondientes a las particularidades de ambas naciones, muchas son las cosas que las unen, incluyendo los legítimos intereses y las justas aspiraciones de las clases populares en la persistente lucha por la justicia social.

Fue el General Perón quien dijo, en su libro La Hora de los Pueblos, que “en el mundo de hoy, la política puramente nacional es una cosa puramente de provincia. Lo que verdaderamente importa es la política internacional, que se juega dentro y fuera de los países”. He aquí que siempre hemos estado atentos a lo que sucedía en el mundo y dispuestos a adecuarnos a los cambios históricos, pero sin resignar nuestra identidad y dispuestos a recuperar, si así fuese el caso, las raíces populares, nacionales y humanistas que otorgan sentido a nuestra existencia.

Pues bien, somos concientes del extraordinario rol que cumplió el Partido Comunista Chino en la transformación social, el crecimiento económico y la estabilidad política del ‘gigante asiático’. Al igual que el peronismo, logró, inculcando las banderas de su esencia, la felicidad del pueblo y la grandeza de la patria.

A pesar de los logros, no se puede obviar que luego de los ilegítimos derrocamientos de los gobiernos constitucionales peronistas, en la Argentina se han sufrido bombardeos, fusilamientos, persecuciones, dictaduras, violencia, inestabilidad, recetas neoliberales y conmoción social.

Sin embargo, hoy despunta un nuevo momento histórico. Más allá de la excepcional coyuntura económica, los logros de nuestro actual gobierno no son menores: el Producto Interno Bruto crece a “tasas chinas”; hay un incremento sostenido en el empleo; profundas reformas en materia sanitaria y en la infraestructura social; en el marco de las relaciones internacionales, se cambió la relación de ‘entrega’ por un vínculo maduro con Estados Unidos; se recuperó el orgullo, los principios y los valores olvidados en el peronismo, como los derechos humanos y la recuperación productiva, entre otras. De todas formas, aún queda un sinnúmero de materias pendientes, pero hay un modelo de país en marcha que con dignidad, producción y trabajo de a poco le devuelve la esperanza al pueblo.

A todo esto, y en el mundo actual, no basta con los esfuerzos de un pueblo en forma unilateral. En otro contexto histórico, el General Perón decía hace más de medio siglo que “ni Argentina, ni Brasil, ni Chile pueden soñar con la unidad económica indispensable para enfrentar un destino de grandeza. Unidos forman, sin embargo, la más formidable unidad de caballo sobre los dos océanos de la civilización moderna”. La hermandad y la unidad regional es el primer pilar para lograr la felicidad del pueblo y la grandeza de la patria. La consolidación de este cimiento, es la que, junto al formado por las naciones del Asia Pacífico, deben edificar un nuevo orden internacional que no esté basado en el poder hegemónico de los países más fuertes, sino en los legítimos intereses de los pueblos, cuyo principio rector sea la plena vigencia de la Justicia Social.

Y como decía Mao: “la política al mando”; apreciación que hoy tiene más vigencia que nunca, porque sólo la primacía de la política permite profundizar en el conocimiento recíproco y en las coincidencias de ambas regiones. Ella debe gobernar el proceso de la globalización, para excluir sus odiosas asimetrías y para que sus frutos alcancen a todos los pueblos. Pues bien, se trata de un abrazo que se estrecha de ‘sur a sur’ y que dos grandes ya soñaron, pero estará en nuestra voluntad e imaginación la posibilidad de poner en marcha una estrategia de tal sentido para un armónico crecimiento.


Francisco Cafiero

lunes 12 de marzo de 2007

Día Internacional de la Mujer


Soy la primera camarada de lucha

La mujer del presidente de la República , que nos habla, no es -en este sentido- más que una argentina más, la compañera Evita, que está luchando por la reivindicación de millones de mujeres, injustamente pospuestas, en aquello de mayor valor en toda conciencia: la voluntad de elegir, la voluntad de vigilar, desde el sagrado recinto del hogar, la marcha maravillosa de su propio país.
Esta debe ser nuestra meta.


Eva Perón, Mensaje a la mujer argentina

27 de enero de 1947

viernes 2 de marzo de 2007

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